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El poder de la palabra.

30/04/2009

En el año 2004, un joven senador afroamericano se presentó ante sus compañeros en la Convención Nacional Demócrata y, con voz firme, dijo así: “No existe una América Blanca, ni una América Negra, ni una América Latina, ni una América Asiática. Sólo existen los Estados Unidos de América”. Aquel se considera el primer discurso de la carrera que llevaría a Barack Obama hasta la presidencia, y ya llevaba implícita la palabra que le llevaría al triunfo: Cambio. Una sola palabra, invariable, inspiró a toda una nación. Mientras sus rivales políticos rehacían su estrategia sobre la marcha, él se aferró a esa palabra, la relacionó con los ideales de honestidad y esperanza, y así llegó a convertirse en el primer presidente negro de la primera potencia mundial. Una sola palabra bastó.

Sin restar mérito a las costosas campañas publicitarias y al inteligente uso de las nuevas tecnologías, es innegable que el éxito de Obama se debe en gran medida al poder de su oratoria. Tras los ocho años del oscurantismo dialéctico de Bush, apareció en América un hombre que combinaba el carisma de John F. Kennedy y la pasión de Martin Luther King. Sus discursos, escritos por él mismo en colaboración con un selecto equipo de speechwriters capitaneados por Jon Favreau, despertaron a su nación y no dejaron indiferente al mundo. La fuerza de sus palabras y el ritmo de sus frases convirtió al ya mítico Yes, We Can en un himno popular que marcó una época.

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